Mitos de la psicología I

Cuando me propuse escribir sobre la psicología en términos generales, automáticamente me surgió la necesidad de aclarar determinados mitos que aun hoy sobrevuelan a este campo. Y es que, esta misma mañana en una llamada de trabajo me he topado de bruces con comentarios como “no creo en los psicólogos o la psicología”, “fui a un psicólogo y no me ayudó”… Estos comentarios estaban dentro de un contexto que no viene al caso.

No creer en la psicología o los psicólogos…

Cuando vamos al médico, contamos nuestros síntomas y tras una batería de pruebas nos vamos con un diagnóstico y un tratamiento farmacológico. No nos cuestionamos si hemos de creer o no en todo ese proceso. Y en realidad podría resultar casi milagroso. Pero no nos lo cuestionamos porque es rápido, suele ser eficaz y porque somos profanos en la materia, además de pacientes durante el proceso. Me refiero a pacientes en todos los aspectos. Sufrimos la enfermedad de forma pasiva y nos curamos siguiendo unas pautas a pies juntillas sin demasiada implicación o esfuerzo.

La psicología, por su parte, es una ciencia de la salud. Que utiliza un método científico al igual que la medicina, aunque con más pormenores, es cierto. En cualquier caso, no se basa ni en leyendas ni en fábulas para elaborar diagnóstico, proponer un tratamiento, unas técnicas y/o unas actividades que favorecen la consecución de objetivos y un proceso de cambio en positivo. Pero, ese proceso conlleva una implicación activa, una inversión de recursos y tiempo. Implica salir de la zona de confort, esfuerzo. Y, dado que quien más quien menos da o recibe consejos, lee, opina y sabe … es más fácil generar resistencias frente a esa inversión.

Hablemos de resistencias, no de cuestiones de fe.

En cualquier caso, la psicología existe como ciencia. Y ya sea desde el método científico como base de estudio (cognitivo-conductual…) u otros métodos (como corrientes humanistas, etc) ofrecen una serie de conocimientos de los procesos psicológicos y emocionales, que sustentan muy eficazmente las propuestas de trabajo ante determinadas situaciones, problemas y/o patologías.

Fui a un psicólogo y no me ayudó…

Como en cualquier ámbito, existen profesionales más o menos cualificados. No me refiero a cuestiones formativas. Me refiero a otras cualidades necesarias para un mayor y mejor desempeño de funciones. Vocación, empatía, don de gentes, adaptabilidad y un largo etcétera.

En cualquier caso, hay que tener en cuenta que en el proceso terapéutico el cliente/paciente es parte muy activa del proceso. La apertura, la actitud y/o implicación, las resistencias y el manejo de estas, así como el momento/circunstancias suponen un porcentaje a tener en cuenta en la eficacia del proceso de acompañamiento.

Es por esa implicación activa por parte de quien acude a consulta y por la manera de entender una ayuda no asistencial que no soy partidaria del uso del término “ayuda” sino “acompañamiento”. Un acompañamiento y apoyo en pro de ofrecer cierta orientación y abrir espacios a la reflexión para que sea el propio sujeto quien concluya y sea dueño/a de las decisiones y avances.

Puede ser que sea por su parte, por la nuestra o porque, sencillamente, no se ha fraguado una adaptación ajustada desde la que se produzca el entendimiento y la comprensión en ambas direcciones. Pero el que no haya salido bien una vez o dos, no implica que no pueda funcionar con otro/a profesional.

¿Eres psicólogo/a? No me psicoanalices. No me leas la mente…

Entre los actos de fe y las lecturas de mente, debemos dar una imagen un tanto estrambótica y desvirtuada.

Sin duda alguna, esta es otra de las frases más recurrentes cuando en un contexto social conocen mi profesión.

No, no somos capaces de leer la mente de nadie. No adivinamos problemas o intenciones ocultas. Pero sobre todo, no trabajamos fuera de horas, al menos yo.

Lo que sí hacemos, en consulta, es analizar y establecer conexiones en torno a lo que se expresa de manera verbal y no verbal. “Leemos” gestos, no mentes. “Leemos” o nos intentamos aproximar a la posible letra pequeña de los mensajes cuando puede resultar relevante. Contrastamos esas posibles interpretaciones de las situaciones o los procesos y, una vez más, tenemos en cuenta las posibles resistencias que puedan estar manteniendo en la sombra algún tipo de emoción o proceso a la que no se permite el acceso y, por ende, no podemos gestionar.

Pero, analizar conlleva muchos recursos y un gran nivel de atención, por lo que si un/a psicólogo/a te pregunta qué tal el día, seguramente no tenga mayores intenciones que saber precisamente eso… Aunque hay ciertas deformaciones profesionales, no suele haber una intencionalidad detrás ni un especial interés por trabajar horas extra en los ratos de ocio. Puedes relajarte y disfrutar de la compañía sin más.

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