Mitos de la psicología II

Al psicólogo/a van los locos y las personas débiles que no son capaces de solucionar los problemas que podemos tener cualquiera…

Esta afirmación, aunque pueda parecer del cretácico, la he escuchado hace muy poquito y no por primera vez.

En nuestro día a día surgen problemas, conflictos, situaciones o contextos adversos… y la manera de gestionarlos, o no hacerlo, viene dada por aprendizaje y mecanismos de compensación, entre otros condicionantes. No siempre confrontamos, no siempre gestionamos, no siempre lo hacemos de la manera más óptima o positiva a medio-largo plazo… Responsabilizarse de una mejor gestión, no solo del problema, sino de las emociones y bienestar frente a los mismos, puede ser una labor ardua y compleja. Acudir a profesionales que pueden enseñarnos técnicas o bases para una mejor gestión, orientarnos y acompañarnos en ese proceso de aprendizaje, proporciona un nivel de madurez y fortaleza nada desdeñable.

A consulta no solo acuden personas sobrepasadas por las circunstancias, acuden también personas que quieren mejorar esos tiempos y eficacia de gestión. Personas que quieren, en definitiva, mejorar su calidad de vida.

Por locos, entiendo que se hace referencia a personas con una posible patología. Pacientes. Pacientes centrados y dirigidos a mejorar su situación y dispuestos a hacerse con el control de la situación. De nuevo, responsables.

Yo logré engañar al psicólogo al que iba en más de una ocasión…

El engaño en consulta. ¡Qué absurdo tan grande!

Diré más, no tiene ningún mérito.

Persona que acude a consulta, persona que tiene toda mi confianza, con la que pretendo hacer equipo y que me va a proporcionar la información con la que voy a trabajar. Jugar a trabajar con rebusques es, como decía, absurdo. De hecho, es una clausula tácita del compromiso terapéutico. Los motivos no son otros que asumir que el espacio de las sesiones es un espacio de, por y para el cliente/paciente. Del mismo modo, la confianza es la piedra angular del proceso. Sentir el espacio como propio y verbalizar todo sin tapujos, sin disfraces, sin miedo y sin engaños.

Poner a prueba al o a la psicoterapeuta, jugar al engaño solo alarga el proceso, hace que la relación se desvirtúe y nos sitúa en clara oposición. Si de entrada no vamos a ver al o a la psicoterapeuta como acompañante y parte del equipo, nuestro equipo, no tiene sentido acudir a consulta. Nunca vamos a beneficiarnos de los objetivos propuestos y vamos a procurar y procurarnos una pérdida de tiempo absoluta.

Un buen amigo o familiar es el mejor psicólogo, pues me conoce mejor que nadie…

Tener una red de apoyo es muy importante y positivo. De hecho, pueden protegernos de determinados problemas. No obstante, y aunque nos conozcan, nos quieran y deseen lo mejor para nosotros, a veces puede resultar insuficiente a medio o largo plazo, especialmente.

Los roles, la implicación emocional, los conocimientos más específicos de los procesos mentales y emocionales, la experiencia propia y la deseabilidad social, por ejemplo, son algunos de los aspectos que pueden interferir negativamente en la efectividad de la ayuda o consejo que puedan procurar.

No se trata de elegir. Se trata de sumar recursos -psicoterapeuta y persona de confianza- y beneficiarse y aprender de lo que cada uno me pueda aportar. Siempre que la psicoterapia sea recomendable y/o necesaria, claro.

Además, no olvidemos, que el objetivo último es aprender herramientas para una mayor autonomía en la gestión de adversidades presentes y/o futuras. Y esa enseñanza-aprendizaje no se encuentra en consejos puntuales, por sabios que sean, o respuestas asistenciales pues al final pudieran derivar en una dependencia.

Los psicólogos cobran por escuchar tus problemas…

Este mito está muy en consonancia con otro muy común: gran parte de los problemas se arreglan hablando de ellos…

Mucho me temo que nuestro trabajo no es escuchar los problemas de los pacientes mientras garabateamos un folio y esperamos que concluya la hora. ¡Nada más lejos de la realidad!

Del mismo modo que los problemas no quedan resueltos por el mero hecho de verbalizarlos, claro.

Escuchar activamente, tener en cuenta el lenguaje no verbal y el paralenguaje para poder acceder a esa parte del mensaje que no se termina de expresar, ajustar y adaptar técnicas y herramientas, hacer devoluciones de lo expuesto, empatizar, proponer espacios de reflexión, conexiones y posibles interpretaciones, confrontaciones, asociar ideas y un largo etcétera… En definitiva, atender multitud de estímulos de una manera muy activa para poder orientar, enseñar y acompañar es lo que hace un psicoterapeuta en cada sesión.

A partir de cierta edad las personas ya no cambian…

Si esto fuera cierto, no estaríamos aquí, en este espacio. La psicología no tendría sentido si asumiéramos que no hay posibilidades de cambio. La persona con fobias estaría condenada a sufrirlas siempre, los celos no se controlarían, las adicciones dominarían las vidas de quienes las sufren…

Cierto es que partimos con unas predisposiciones, con unos rasgos psicológicos. Aspectos básicos que nos predisponen en la vida a dar una serie de respuestas frente a otras y que nos diferencian unos de otros. (En los porcentajes de los componentes heredados y aprendidos hay debate). En cualquier caso, nuestros aprendizajes terminan de modelar y conformar nuestra manera de ser, procurándonos así, un margen de posibilidades y crecimiento. Lo que experimentamos y aprendemos puede interferir y/o reforzar esas tendencias o predisposiciones. Pueden procurar nuevas opciones y afianzarlas también. Nuestro cerebro está en constante cambio.

Y tal y como yo lo veo, es una excelente noticia. Aún tenemos margen para asumir el control, crecer y lograr nuestra mejor versión.

Hay más mitos en torno a esta profesión, me consta. Me he limitado a tratar algunos de los más habituales. No obstante, si hay algún mito que te gustaría que comente, adelante. O si simplemente te gustaría dar feedback a la entrada. Yo me quedo enÓrbita deseando leerte.